Tuesday, November 20, 2007

De-generation


Nos queríamos más de lo que ninguno nos merecíamos. Cuando enfilábamos aquellas calles tan largas repletas de luces de neón, ataviados con nuestras mejores galas, podríamos haber desbancado a las estrellas más brillantes. Todos los autobuses nocturnos se paraban a mirarnos, todos los peatones se andaban con cuidado si estábamos cerca. Íbamos tarareando aquellas canciones de moda que tanto nos gustaban, pegados a nuestras pistolas como si fueran espadas de madera, con los ojos radiantes y empañados. Éramos una generación sin un perfil definido, sin nombre, sin letra en las páginas amarillas. Una generación de aficionados a demasiadas cosas. Pero nos queríamos con locura. Nos mirábamos unos a otros, nos reconocíamos en cualquier medio de transporte, en los espejos de feria, en las fotos digitales; en el estallido de las bombas que asolaban países lejanos y trenes a la vuelta de la esquina. Nos quedábamos extasiados frente a escaparates callejeros y drogas de diseño en cajas de latón y frascos de vidrio endurecido. Éramos desarraigo andante, pero a veces echábamos de menos a nuestras madres. Y a nuestros hijos, si los hubiéramos tenido. Nos quejábamos amargamente de todo lo que se nos ponía por delante. Íbamos a exposiciones, veíamos películas de catorce minutos y medio, y luego hablábamos de ellas mucho más rato. Nos escuchábamos a veces. Otras asentíamos y cerrábamos los oídos a cal y canto. Demasiada información, demasiada gente en las calles, demasiadas vidas paralelas. Más genios de la cuenta, muchas fotos, miles de canciones y un puñado de poemas que ni siquiera rimaban. Varios whiskys con cocacola y de postre un largo camino a casa. Solos, acompañados, a medias. Carne y pescado en la nevera y la ropa interior sucia en el fondo del armario. Todo para acabar durmiendo con la pintura puesta, entre olores insoportables y dolores de estómago que acabarían por matarnos, por explotarnos entre las piernas.


Fuimos la generación que vivió más fuerte y más al límite, porque alguien nos chivó, al asomar la cabeza, que era muy probable que fuéramos la última. Quizá no pasaremos a la historia, pero al menos nos habremos querido, incluso más de la cuenta. Y aunque nos joda reconocerlo, no se vive tan mal en el filo del fin del mundo, y mañana será otro día, y el tiempo lo cura todo. Que de generaciones con nombres bonitos están los cementerios llenos.


Sólo me queda pediros que por favor, os queráis todos mucho.
Antes de que sea demasiado tarde.


4 comments:

silvia said...

Amén

GORDYTA said...

ole

jim chinaski said...

Tus palabras tienen algo...nose...se me meten por los oidos y bailan claqué en mi pecho...Si no lo digo es para no perderlo, joder. La magia se esfuma, como el dinero, la belleza y las ganas. Las de seguir y las otras. En el momento en que lo sueltas, ya sabes, todo eso que es como un precioso regalo envuelto en lazos y esperanzas, lo has perdido, tío. Se va. Y no vuelve, por eso se va. Aprende tarugo. ¿Cuantas veces has tropezado con la misma piedra?, ¿con cuantas piedras distintas has tropezado?. En el fondo, todas se parecen.
Esperando, atolondrado y confundido, con la camiseta llena de babas, la cabeza ladeada y los bolsillos saqueados. Me escupiría, si pudiera. Demasiado si. Pero casi todo no. Perra casualidad. Zorra, la suerte. Y las Parkas pasando un buen rato, y mi parka rota por un brazo.
Las colillas no saben como antes. Ni esos humos orgullosos que ahora no son mas que orgullo envuelto de humo y espejos, el hombre que se desinfla y se chupa hasta la cirrosis. Pero solo necesito una oportunidad. Al fin y al cabo, yo lo se. Si. Tengo la respuesta. Solo tengo que hallar la pregunta acertada. sabes a lo k me refiero. A veces tu también lo haces,¿ verdad?. Lo chupas. De alrededor, de dentro para fuera y hasta las entrañas de nuevo. La vida misma. Absorbida y retenida en un puño endiosado e hiriente que no sabe lo que hace. Pero alguien lo sabe?. A mi también me ha pasado. Es como chupar demasiado oxigeno puro de una bombona o esnifar pegamento en la esquina del CBGB. Depende de tus medios. Y en medio, todos, anhelando, esperando que el portero les deje pasar y chupar el cielo, con sus nubes y todo. Pero lo peor son las resacas. Nunca sabes a donde te pueden llevar. Pero siempre para abajo, abajo, a lo más profundo, a los suburbios del corazón. Es como esa esquina oscura de ti mismo que no quieres volver a atravesar por que te hace ver demasiadas cosas k ya creías olvidadas. Pero siempre están ahí. Para perseguirte. Si no. donde estaría la gracia?
ahí esta!. Hay que saber encontrarla. Hasta un perro tullido sabe reírse de si mismo. Pero no si le han comido la moral. Eso que tanto suelen hacer y que tanto tarda en curar, la verdad. ¿Es que te creías que iba a durar?.
Nada dura tanto como para te aburras. Siempre se va antes. Claro que puedes seguir con ello. Pero no es lo mismo. Es la sombra de un reflejo, un espejismo pasajero. Y las copias no superan la realidad igual que segundas partes nunca fueron buenas. Uno de los pocos casos en los que prefiero un y si...?, con regusto agridulce de posible victoria, pero no de derrota asegurada. Cobarde de principios y superviviente de chiripa. Me falta una cerveza. Y quizás dos. Y me sobran años antes de tener derecho a quitármelos. Pero lo peor de todo, es arrepentirme de no haberme arrepentido lo suficiente. En continuo movimiento, pero siempre estático. Como el mimo que quisiese olvidar. Y aun lo intento. Pero si escribo esto, es por k no lo he conseguido, de momento, espero....

isra said...

Yo tambien hablo del 84:
http://blog.rallat.com/2008/05/17/lo-que-nos-pasa-a-los-del-84/